Entrama

Atención clínica

Psicodrama de parejas

Poner en escena lo que entre dos se repite, para poder mirarlo juntos y moverlo.

Dos figuras enfrentadas repiten el mismo gesto con los brazos abiertos.

En el psicodrama de parejas, la escena que se repite entre dos se pone en juego en lugar de contarse. Cada uno puede ocupar el lugar del otro y escuchar cómo suena desde ahí lo que dice siempre. Eso hace visible el nudo —quién espera qué, quién calla qué— y abre la posibilidad de moverlo, que es algo que la discusión repetida no consigue.

Qué se trabaja

Los nudos que la conversación sola no destraba

La discusión que siempre es la misma

Cambia el motivo y no cambia el recorrido: las mismas frases, el mismo momento en que se corta, el mismo final. Puesta en escena, esa repetición deja de ser una acusación mutua y pasa a ser algo que los dos miran desde afuera.

Lo que no llega a decirse

Hay cosas que no se dicen por no lastimar, por no volver a empezar, o porque no encuentran palabra. En la escena aparecen igual: en un gesto, en una distancia, en quién se ubica dónde.

Los lugares fijos

El que pide y el que se corre, el que ordena y el que desordena, el que cuida y el que se deja cuidar. Cuando esos lugares se congelan, el vínculo deja de tener juego. Cambiar de lugar en una escena permite probar otra cosa sin que sea definitivo.

Cómo se trabaja

Pensarse en el vínculo, no ganar la discusión

No se trata de establecer quién tiene razón. Una escena dramatizada no produce un veredicto: produce material. Lo que aparece cuando algo se juega —un gesto que sobra, una frase que no llega, alguien que ocupa un lugar que nadie le pidió— es lo que después se puede pensar.

La inversión de roles es el recurso central. Ponerse en el lugar del otro y escuchar la propia frase dicha por él cambia lo que esa frase significa. No porque genere empatía automáticamente, sino porque muestra el vínculo desde un ángulo que desde el propio lugar es imposible de ver.

La coordinación sostiene el encuadre para que eso sea posible sin que la escena se vuelva un lugar de reproche. Se trabaja con una escucha psicoanalítica: lo que la escena produce se lee después, con las dos personas, y ahí es donde el nudo empieza a moverse.

Encuadre

Cómo son los encuentros

La frecuencia y los honorarios lo conversamos directamente: cada grupo y cada propuesta tienen su encuadre, y preferimos decírtelo en concreto antes que publicar un número que después no se ajuste a tu caso.

La primera entrevista es con los dos y sirve para escuchar qué los trae y evaluar juntos si este encuadre es el adecuado. No siempre lo es, y decirlo a tiempo es parte del trabajo.

¿Quieren empezar?

Escribinos contando brevemente qué los trae. La primera entrevista es con los dos y sirve para ver si este espacio es el adecuado.